El MOMA, ¿la pinacoteca de la CIA?

Fuente: El mundo.es

La guerra es una cosa muy chunga. Ahora que me he quedado filosóficamente extenuado tras esta reflexión, puedo seguir. Sabemos que no hay nada, por cruel que parezca, a lo que un bando vaya a renunciar con tal de ganar. Aunque hay límites que no hay que pasar, la CIA lo ha hecho en muchas ocasiones. Pero la más curiosa es que recurrió incluso al arte moderno -sin importarle las consecuencias- para derrotar a la Unión Soviética.

A finales de los años 70 el público americano conoció la existencia de la Operación Monckingbird para controlar la prensa americana. Tras captar para la compañía al mítico editor del Washington Post Don Graham, la agencia fue fichando colaboradores en los principales medios (desde el New York Times a la CBS, pasando por Newskweek, AP, Reuters, Time, NBC o Herald Tribune). Desde su creación hasta mediados de los 70, docenas de medios y unos 400 profesionales colaboraban directamente con la Compañía, según Carl Bernstein. El asunto fue tan peliagudo que incluso en el informe final del Comité Church (1975), sobre las actividades de la CIA, apenas dedicó diez de sus más de 600 páginas a tratar el tema.

Pero lo más extraño, y sobre lo que se sabía aún menos, es de cómo se infiltró en el mundo de la cultura, donde abundaban los izquierdosos y era bastante más difícil obtener colaboración. Por eso se hizo de manera encubierta y, en la mayoría de los casos, sin que los implicados se dieran cuenta. La verdad, no deja de tener gracia que sin la agencia la historia del arte de posguerra sería otra.

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