El cine expandido (Metrópolis).

Fuente: Metrópolis.

Metrópolis investiga en su programa un fenómeno que ha dejado de ser singular para convertirse en tendencia: el cine expandido. Habitualmente procedente de artistas que utilizaban el atractivo soporte de la imagen en movimiento, se produce ahora en sentido contrario: son los cineastas los que se expanden fuera de la pantalla oscura de la sala y realizan piezas concebidas para su exhibición en los espacios del arte.

METROPOLIS ha escogido a tres cineastas españoles de distintas generaciones que representan este pasaje de la caja negra de la sala de cine a la pared blanca del museo o la galería.

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BASILIO MARTÍN PATINO vive en Madrid. Es el más veterano pero en modo alguno el más conservador de estos cineastas expandidos a la hora de negociar la tensión entre su concepción del audiovisual y las exigencias del nuevo entorno del cine de exposición. Perteneciente a la generación de los años 60 que crearon la versión autóctona del cine de autor propio de la época, pronto se desvinculó de la industria –debido a las presiones que sufría de la censura franquista-, a la que no volvería hasta los años 80. Pero enseguida se buscó un camino propio explorando las nuevas vías del cine de no ficción, ese cine documental de escritura experimental del que es una figra inernacional. Y luego hasta el mismo cine se le quedó pequeño y empezó a explorar –a jugar, como le gusta decir- con el cine expandido, con exposiciones tan innovadoras como Paraísos (Centro José Guerrero, Granada), Espejos en la niebla (Círculo Bellas Artes, Madrid) y su espectacular contribución al pabellón español de la Expo de Shanghai.

JOSÉ LUIS GUERIN vive en Barcelona. Pertenece a la generación de los años 80 y pronto destaca por su concepción poética del oficio de cineasta, ya se aplique a títulos de ficción o documentales, prolongando esta vocación en una carrera paralela de docente. Su pasaje al cine expandido se produce cuando se le encarga una pieza para el pabellón español de la Biennale de Venecia. Característicamente, se despliega entonces en tres frentes, señalando una posible vía de trabajo para el cineasta como artista visual: su película de ficción En la ciudad de Sylvia se prolonga en un ensayo fotográfico, Unas fotos en la ciudad de Sylvia, y en la instalación  para la Biennale, Las mujeres que no conocemos, todas ellas alrededor de la idea de unflaneur que mira a las mujeres. Le hemos entrevistado en el entorno de su nueva exhibición, concebida como un díptico en sendos espacios del Museo Esteban Vicente, de Segovia: La dama de Corinto es una reflexión multidisciplinar sobre el origen de la pintura como sombra proyectada sobre una pared blanca… hermosa noción de la que Guerín sabe extraer la inevitable asociación con la imagen proyectada del cine.

ÁNGEL RUEDA vive en La Coruña. Pertenece a la generación emergente en esta última década. Ha formado parte de diversos colectivos (Lili Films, Familia de Idiotas no tiene TDT) que organizanhappenings performances en espacios no necesariamente ortodoxos desde el punto de vista de la institución museística: viste a su audiencia con túnicas blancas sobre las que proyecta materiales audiovisuales, convirtiéndoles literalmente en protagonistas del evento cinematográfico, o se viste de obispo y les da de comulgar trozos de celuloide… Más allá de su carácter lúdico y participativo, el trabajo de Rueda destaca por dos conceptos. Por un lado trabaja la proyección de la imagen como materia física, muy en la línea con la noción histórica del cine expandido. Por otro, rescata materiales en súper 8 y otros formatos substandard del cine amateur, con la idea precisa de realizar una labor de recuperación de la memoria audiovisual.

También te interesa ver la conferencia de Susana Blas “Del vídeo arte al cine expandido. Arte, televisión e Internet. Poéticas del videoclip. Paradojas de interactividad y conservación de las artes digitales” (MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León).