Semiótica del color, Joan Costa.

“Diseñar, visualizar supone utilizar colores, por tanto aplicar a este uso funciones comunicativas. Lo cual no siempre tiene relación con los colores tal como los vemos en la realidad, sino con una Intencionalidad expresiva o comunicativa del diseñador. La percepción del mundo y a percepción gráfica son cosas en esencia diferentes. El color así considerado es un elemento más del sistema gráfico, en pie de igualdad con las formas, las imágenes y los signos, sean tipográficos o icónicos.

Si hablamos de iconicidad de las imágenes y de las formas-que es una escala de grados que van de la máxima fidelidad representacional hasta la abstracción-, correlativamente hablamos de iconicidad del color. Una imagen puede ser policromática, o mono, o bicromática; puede reproducir fielmente los colores naturales o bien modificarlos e inventarlos. La gama de posibilidades es infinita.

Esta constatación confirma lo que es obvio y bien visible: el color no existe en estado puro, más que en la industria química fabricante de pinturas, tintas, tinturas y colorantes. El color es una propiedad de las cosas del mundo; un fenómeno luminoso, una sensación óptica (es la explicación físico-fisiológica). Pero que incluye significantes diversos en el mundo de las imágenes funcionales y el diseño. Y, por supuesto, incluye a su vez resonancias psicológicas.

Esta síntesis abarca la física del color (implica el sistema fisiológico ojo-cerebro), y la producción de significados, en lo que juega, de manera relativa, la psicología del color.

El análisis que presentamos es, naturalmente, de carácter semiótico, tratándose de un lenguaje muy particular: el de las aplicaciones del color en la comunicación gráfica …” (Joan Costa, Diseñar para los ojos).

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