Exterior, ese gran desconocido.

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Fuente: El publicista.

Te levantas un día cualquiera, enciendes el televisor para ver las noticias pero es posible que ni las veas, entre tanda y tanda de anuncios. Te duchas, te aseas y coges el coche. Seguramente enchufes la radio y escuches algún anuncio más. En el camino al colegio de los niños, te topas con alguna que otra valla que, aún somnoliento, despierta tu interés (y tus sentidos de paso): el coche de tus sueños, un alto interés si llevas tus ahorros a un banco (ya de paso la nómina, un crédito y la hipoteca a 100 años), el perfume que tienes que comprar a tu mujer por su cumpleaños o la nueva videoconsola que te ha pedido el niño para la comunión… Dejas a los niños y te vas camino al trabajo, donde de paso descubres en varios mupis y marquesinas, que en un supermercado hay una promoción 2×3 (sí, han leído bien, la crisis ha vuelto el mundo al revés) y que si compras el crucero de las vacaciones ahora te ahorras un 1%!!. Coges un atasco en la M-30 y te quedas parado, observando de paso un monoposte que parece una pantalla de televisión, pero de las grandes (casi como la de tu amigo Javi), anunciando la última peli de acción que han estrenado y no te quieres perder. Después de 2 horas desde que te levantaste, llegas a la oficina y tras unas horas de trabajo, que incluyen un paseo por internet, las redes sociales y el e-mail, recibes algún que otro impacto publicitario más que te incita a jugar al poker, hacer alguna apuesta on line o guardar tu dinero en un banco naranja que ahora hasta tiene oficinas.

Tan sólo ha pasado una mañana y ya has sido diana de multitud de impactos publicitarios, pero sólo unos son inevitables: los que están fuera de casa (out of home), en el Exterior.

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