Javier Aguirresarobe, el filósofo de la luz.

Javier Aguirresarobe Zubía nace en Eibar, Guipúzcoa, en 1948. Tras titularse en Óptica e iniciar estudios de Periodismo, en 1972 se gradúa en la EOC.

Autorretrato del director de fotografía Javier Aguirresarobe (EL PAÍS 28-12-2007).

Enlace a Entrevista a Javier Aguirresarobe (El País 25-07-2009).

Compatibiliza sus primeros trabajos en el cine con colaboraciones esporádicas en los diarios “El Correo Español” y “La Voz de España”, con la jefatura de redacción de la revista “Fotografía profesional” y con las tareas de director comercial en un laboratorio de fotografía.

Después de iluminar varias películas del cine Vasco hace la serie de documentales Ikuska para el gobierno vasco, en 1983 funda la productora Aiete Films con Imanol Uribe, José Ángel Rebolledo y Gonzalo Berridi.

Todos los largometrajes los realiza en colorEntre los últimos años setenta y los ochenta se convirtió en el “fotógrafo oficial” del cine vasco, con películas como El Proceso de Burgos (1979), La Fuga de Segovia (1981) y La muerte de Mikel (1983) –las tres dirigidas por Imanol Uribe, el realizador con el que más a menudo ha colaborado–, 27 horas (1986), de Moncho Armendáriz, y la serie de cortometrajes documentales Ikuska (1979-1984), coordinada por Antxon Eceiza.

Con Beltenebros (1981), de Pilar Miró, consigue el premio Goya a la mejor fotografía. Su trabajo en esta película, en los límites del color y del blanco y negro, reafirman un estilo próximo al claro oscuro que definirá en sus trabajos posteriores. A partir de hay su tendencia a rebajar la luz, siempre elaborada al máximo, y a rehuir los colores brillantes marca la mayor parte de las películas en las que interviene huyendo de todo conformismo y aceptando el riesgo como parte fundamental de su trabajo.

Pasa de una fotografía tan aparentemente poco intervencionista como la de El sol del membrillo (1992), de Víctor Erice, al complejo de luz y de cámara que exhibe en La madre muerta (1993), de Juanma Bajo Ulloa; se desenvuelve con la misma soltura entre los tonos fríos de Días contados (1994), de Imanol Uribe, recreando la atmósfera cálida de Tierra (1995), de Julio Medem, o adentrándose en la sofisticada experiencia de las retro-proyecciones con la opera prima de Manuel Huerga: Antártida (1995).

Su estilo personal vuelve a ponerse de relieve en las dos películas que rueda con Pilar Miró en 1996 Tu nombre envenena mis sueños y El perro del hortelano recibiendo por esta última, de nuevo, el premio Goya a la mejor fotografía y en la cálida modulación de la luz que otorga a Secretos del corazón (Moncho Armendáriz, 1997) una buena parte de su sincera emoción.

Ver Filmografía completa.

Ver spot Evolution of Technology extended Cinema Version (Dirección de Fotografía Javier Aguirresarobe).